¿Te apuntas al pensamiento positivo?

Logotipo de Agifes

KE NO T ,N LA MORAL

Idoia Erkiaga Gorbea - 16/04/2013

Q. D.,

Nacho está en el hospital. Los médicos creen que tal vez sea un trastorno psicótico con ideas delirantes inducido por cannabis, pero tendrán que seguir el curso del episodio por si pudiera ser una enfermedad más permanente.

Q. D.,

En clase han empezado a llamarle “el tarao”. Me he peleado con Jon Ander por este motivo. Me ha preguntado cuándo iba a volver a clase mi novio el tarao y yo le he lanzado mi estuche y le he dado en plena cara. ¡Es que no he podido soportar escuchar que hable sobre él con semejante desprecio! Me he asustado al pensar que le había dado en el ojo, pero afortunadamente no le he hecho nada importante, y me he prometido a mí misma no volver a dejarme llevar por la rabia que siento. No es una solución.

Después del incidente, ya no es “el tarao”, ahora somos “los taraos”, “los amantes de
Teruel, loca ella, loco él”, “crazy love”, y todo un sinfín de motes que se les van ocurriendo en los recreos o en las clases aburridas. Odio el colegio.

Q.D.,

He decidido dejar de sentirme avergonzada sin motivo. Cuando muchas personas están de acuerdo en algo, no siempre significa que tengan razón. Mis compañeros de clase, inmaduros incluso para su edad, creen que es divertido reírse de los problemas ajenos; y algunos hacen las bromas y otros, igual de responsables en el insulto, se las ríen. Cuando los miro, veo a unos bebés gateando que persiguen a una mariposa herida y la aplastan alegremente con sus manos regordetas. Cuando la ven retorcerse, gozosos y exultantes por su hazaña, vuelven a golpearla. ¡Así de inconscientes son!

Q.D.,

Mis padres se han enterado de que estoy saliendo con Nacho. Se ha montado una bronca monumental porque dicen que “está loco” y que “me va a hacer infeliz durante el resto de mi vida”. Me duele el corazón cada vez que recuerdo sus palabras. He discutido con aita. Es lo que tienen los padres, que, aunque les quieres mucho, a veces te sorprenden porque están llenos de prejuicios de otra época. Le he preguntado qué es “un loco”, según él. Y me ha regalado las siguientes perlas:

–Una persona que dice cosas que no son reales.
–¿Cómo los políticos?
–No Arene, eso es mentir, ya lo sabes. Una persona que está loca, dice cosas que no son reales, pero las dice porque las cree.
–Así que, un político miente porque quiere conseguir algo y “un loco” dice lo que piensa. Y los políticos, por eso, merecen nuestro voto y nuestro respeto...
–Lo que te quiero explicar es que los locos no viven en la misma realidad que nosotros.
–¿Quiénes somos nosotros?
–La gente normal.
–¿”Los locos” no son gente normal?
–No. Son anormales.
–Vaya, esto me recuerda a un trabajo que estoy preparando para el colegio...
¿Anormales como el tío Justo?
–No, cuando lo digo por el tío Justo, es un insulto. No son anormales en ese sentido, son enfermos.
–¿Y por qué insultas a los enfermos?
–¡Yo no insulto a los enfermos!... pero es que a los enfermos mentales no hay quien los entienda.
–¿Los insultas porque no entiendes su enfermedad?
–Bueno... no sé... así es como se les suele llamar, es sólo una forma de hablar...
–¡Eso es lo que hacen los borregos, repetir todo lo que escuchan!–. Y me he largado dando un sonoro portazo. Él me ha respondido que por qué motivo hago preguntas propias de una niña de 5 años si tengo 17. No ha entendido nada de lo que le he dicho. No estaba siendo infantil, estaba siendo crítica.

Q.D.,

Hoy le he dicho a Jon Ander:

–Tienes razón tío, ¡los locos son un rollo! Los adolescentes bastante tenemos con que se nos aguante una sola personalidad, ¡como para tener dos o más personalidades diferentes! Imagínate a los padres: “¿Hoy quien toca?” “Hoy el heavy”, “¡Uf! No aguanto que toque la batería durante horas, me gusta mucho más su personalidad Emo, por lo menos se está calladito en su cuarto poniendo cara mustia”. Y también está el abuelo del Iniston, que no es que esté sordo, no; es que no se acuerda de dónde ha puesto la medicina porque está demenciado, y tiene a toda la familia dando vueltas por la casa y tosiendo, ¡si está demenciado que no toque las cosas comunes!...

¡Y entonces alguien me ha parado, al fin! Josu me ha gritado que no me metiera con las personas que tienen alzheimer, que su abuelo lo tiene y no es ninguna broma.

Toda la clase me ha mirado con cara de reprobación. ¿Es que acaso hay algunas enfermedades más graciosas que otras? Yo no conozco ninguna escala de humor sobre lo mórbido en sociedad. Algo así como: puesto número 1, psicosis, un buen rato asegurado para todos los públicos. Número 2, retraso mental, ideal para hacer chistes en familia... Número 344, SIDA, no mencionar en tono de broma, puede arruinar cualquier reunión con amigos... Yo trataba de mostrarles la injusticia y el absurdo de las bromas que hacen sobre Nacho. No comprenden que la única broma son ellos, los que se ríen de las enfermedades mentales. Era una parodia de lo que hacen cada día. Es gracioso porque ¡NO ES GRACIOSO EN ABSOLUTO! Plan B: No utilizar la ironía, no la captan.

Q. D.,

Hoy he presentado un trabajo en clase sobre los nazis y la enfermedad mental. Les he hablado sobre el centro Hadamar, donde, siguiendo la política del régimen nazi, asesinaron a adultos y a niños con discapacidades psíquicas y enfermedades mentales, por considerarlas “vidas indignas de ser vividas” y un lastre económico para la sociedad. En este centro se asesinó a 14.500 personas mediante diferentes métodos, como la cámara de gas y las inyecciones letales.

Durante mi presentación, no se ha escuchado ni un solo ruido en clase. Creo que mis compañeros estaban impactados por la magnitud de la desgracia y el sinsentido de los hechos. Con estos temas siempre nos invade una sensación de irrealidad.

Nuestro tutor, que hasta ahora no se había interesado por lo que estaba ocurriendo en clase tras el ingreso de Nacho, ha venido a hablar conmigo en el recreo.

Le he explicado lo que sucede. Me ha respondido con cara de sorpresa que cómo es posible que no haya acudido a él, pero yo creo que su reacción exagerada trataba de ocultar cierto sentimiento de culpa por no haber previsto que podrían producirse problemas. Tal vez no se sentía preparado, o el tabú de la enfermedad mental ha podido con él. Yo no quiero repartir responsabilidades ni culpabilidades, no se trata de eso, estoy buscando soluciones. Los adolescentes necesitamos que se hable sobre todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Creo que, a veces, los adultos temen que discutirlo pueda centrar la atención sobre ello y que acabe estigmatizando a la persona que ha sufrido el acontecimiento en cuestión, pero yo opino que, los temas siempre están ahí, los hablamos de una manera o de otra. Y que resulta más perjudicial cuando ni siquiera los hablamos, porque todos nos preguntamos en silencio quién habrá dado permiso a ese enorme elefante, al que no se puede ni mencionar, para que estudie con nosotros, nos tape la pizarra con su volumen, y nos meta la trompa por las orejas para que no escuchemos al profesor.

Q. D.,
Jon Ander ha tratado de hacer otra broma sobre Nacho. Esta vez, sólo dos títeres le han seguido, y lo han hecho con muy poco entusiasmo. Por primera vez, se ha escuchado algún comentario anónimo reprobatorio: “¡nazi!”. Yo no me he sentido ofendida por Jon Ander, le he mirado como se mira a alguien muy ignorante y he seguido a lo mío.

Q. D.,
¡Qué alegría! ¡Nacho ha vuelto a clase!!! La mayoría de los compañeros le han recibido bien. Muy interesados, le han acribillado a preguntas, e incluso, alguno le ha preguntado alguna duda. Me ha contado que, Carlos, se le ha acercado a solas y le ha contado una mala experiencia que tuvo después de fumarse unos petas, porque está preocupado por si puede tener que ver con lo que le ha ocurrido a él, y le ha consultado qué puede hacer. Él tenía la respuesta bien clara: “No fumes más porros tío, tú, al menos, has tenido un aviso”. Después le ha explicado algunas cosas que ha aprendido en el hospital.

Q. D.,
Nacho me ha preguntado qué espero del futuro a su lado, si sigo enamorada y si no tengo miedo a que vuelva a sufrir delirios. Teme que me aleje de él por lo que ha ocurrido. Yo le he respondido que le quiero, que nada me hace más feliz que poder tener un futuro juntos. No siento ningún miedo. ¿Por qué iba a sentirlo? Juntos podemos con todo.

 

Volver

  • Youtube
  • Twitter
  • Facebook
  • Banner 'Necesitas Ayuda'
  • Banner difunde
  • Banner Salud Mental

www.pensamosenpositivo.org

Sitio web diseñado y desarrollado por Infotres